Elojara descansaba plácidamente meciéndose en el tranquilo océano azul, permitiendo al viento susurrarle suavemente al oido. Mientras Nobto, envidioso, tumbado boca arriba en la orilla deseaba conocer el secreto del viento, estaba seguro que el viento le contaba secretos a Elojara.
Muchas veces había querido preguntárselo cuando irremediablemente una fuerza superior a ellos les unía, pero no se había atrevido; y nuevamente eran separados.
Elojara era amiga del viento y había descubierto su secreto y Nobto no le perdonaba que nunca se lo hubiera revelado.
Concentrado en estos pensamientos casi perdió la noción del tiempo, allí seguía tumbado boca arriba esperando que el viento soplase fuerte, muy fuerte y poder encontrar de este modo lo que estaba buscando. Pero era inútil, no descubría el secreto.
Otras veces, cuando el viento se calmaba, ponía su oreja atenta para escuchar el susurro del agua. Inútil también, hiciera lo que hiciera, no obtenía respuesta. Ni del viento, ni de Elojara.
Pero esa noche, cuando ya había perdido la esperanza de conocerlo, escuchó una voz muy profunda procedente del viento que le hablaba.
- Te contaré mi secreto con una condición.
Su corazón se aceleró, casi se le salía del pecho. El viento por fin le hablaba. Quería contestarle pero no le salían las palabras. Con un hilo de voz pudo articular:
- ¿Con qué condición?
Estaba muy intrigado y orgulloso de que el viento quisiera algo de él y cualquiera que fuera la condición iba a ser buena con tal de saber el secreto.
Entonces el viento contestó:
- Que apenas diga mi secreto, deberás entregarme tus sentimientos.
- ¿Mis sentimientos? ¿Estará acaso el viento celoso de mis sentimientos?
- Pero si el viento los quiere se los daré.
- Te daré mis sentimientos, gritó Nobto.
Entonces el viento le pidió que se acercara al agua para poder oír mejor, y con la oreja pegada a la orilla le dijo su secreto.
En ese momento, Nobto sintió un gran dolor en su pecho, parecía que le arrancaban el corazón y se sumió en un profundo sueño.
En el tranquilo océano azul, Elojara recogía sentimientos. En sus redes caían toda clase de ellos. Los escuchaba y los devolvía al mar. Pero esta vez, estos sentimientos no dejaban de hablar, de lamentarse. Su dueño les había abandonado en medio del océano, los había entregado al viento, quizá por algún secreto pero el viento ni siquiera los había recogido. Y ellos deseaban regresar con su dueño.
Entonces Elojara apiadada de ellos no les devolvió al mar, se los quedó y prometió que haría lo posible por devolvérselos a su dueño.
No sabía cómo, pero esperaría que el azar trajera hacia ella y los sentimientos al deseado dueño.
No pasó mucho tiempo antes de advertir que estaban siendo arrastrados por una fuerza irrefrenable, a Elojara le era familiar. Ya había pasado otras veces, pero ahora ella estaba deseosa, anhelante de este encuentro.
En esto, Nobto levantó la cabeza. Había oído a sus sentimientos que le llamaban. Se dio la vuelta hacia el océano de donde procedían y allí los vio. Se los quedó mirando y los reconoció. Se hizo un profundo silencio, sobraban las palabras. Elojara también los había reconocido, tenía sus ojos clavados en Nobto. Él estiró los brazos, las manos, las puntas de los dedos. Ya casi llegaba, no podía dejar de mirarla. Empujada por una fuerte brisa venía hacia él hipnotizada por su mirada.
Ella era el secreto del viento.
Se fundieron en un profundo abrazo, sus almas se unieron como un fuerte imán. Ahora sabían que se necesitaban para sentirse vivos, para respirar. Sonreían besándose, sintiendo que era el principio de algo especial. Era su gran momento.
texto: El secreto del viento (AiYiYi) 080203
fotografía: Notbo y Elojara
música: Apocalyptica - Nothing Else Matters
La fotografía es el origen de la historia. Thanks Queen